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Entre el éxito y yo






La palabra éxito significa una cosa distinta para cada persona. Pero el éxito, para todo el mundo, es un estado al que aspirar. Si nos conformamos con aspirar, todo quedará en un deseo: que la montaña venga a Mahoma. 

En cambio, si definimos nuestro propio significado de la palabra éxito, la hacemos nuestra, analizamos de forma realista los pasos que hay que dar, cómo vamos a sortear los obstáculos que podamos encontrar y nos ponemos a ello, estaremos camino del éxito, camino de la montaña.

Si te enfadas, ya tienes dos problemas



Cuando una situación nos parece problemática y nos enfadamos, nos preocupamos o nos sentimos mal de alguna forma, estamos gastando la energía que necesitamos precisamente para resolver esa situación problemática.

Un problema no es algo malo, es una oportunidad de aprender, de mejorar algo que a su vez provocará mejoras en su propio contexto. Además, nos da la oportunidad de poner a prueba nuestra capacidad de resolución, es decir, todos los conocimientos y habilidades que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida. Un problema debería causar alegría, como si nos eligieran para participar en un concurso importantísimo.

En cambio, si dejamos que la contrariedad que nos produce el problema se apodere de nuestras sensaciones, pensamientos y capacidades, tendremos que resolver eso a la vez que tratamos de resolver el problema, lo que añade muchísima dificultad a la tarea. Es como escayolarse voluntariamente una pierna para escalar el Everest.

A veces no somos capaces de superar la contrariedad que nos producen los problemas. En esos casos, conviene primero diferenciar bien cuál es el problema y cuáles son nuestros sentimientos de contrariedad. Después, averiguar qué solución requiere cada cosa y tratarlas por separado en vez de como si fuese todo lo mismo.